sábado, 17 de marzo de 2012

El inicio del proyecto

A la entrada de la localidad salmantina de Ahigal de los Aceiteros, frente al Camposanto, carretera de por medio, se encuentra la pequeña finca que sirve de fondo a este blog; en sus días de explendor fue un fértil huerto, del que la buena tierra y el cuidado trato de sus dueños salieron excelentes productos.
Ahora, consecuencia de la tremenda despoblación que sufren estas tierras, encuadradas en el marco de la Región del Abadengo, del Noroeste salmantino, frontera con Portugal, esos huertos quedan sin atención y el paso de los años los relegarán al olvido.
Tras una acertada fase de concentración parcelaria, esta pequeña parcela es asignada a mi padre, concentrando en ella todo lo poco que de su madre Remedios pudo heredar. Y es en ella en la que pondré en marcha este proyecto de reconocimiento a los abuelos y llama viva dedicada a su memoria.
Unos almendros, alrededor de 30, serán plantados en su memoria, en memoria de todos los que siendo hijos y nietos de Ahigal, queráis apadrinar uno de ellos, para que tras unos pocos años podamos disfrutar de su floración como expresión viva de lo que representan: el Alma de nuestros abuelos con un arraigo eterno entre nosotros.

El Jardín de las Almas en Flor

La belleza de los almendros en flor, cuando apuntan los primeros cambios meteorológicos tras los duros días del Invierno, hacen de los recuerdos la mejor vía para rescatar del olvido a nuestros seres más queridos, a aquellos que, tras los padres, han significado tanto en las vidas de todos nostros: nuestros abuelos.
Su inmortal presencia, cargada del cariño que se les profesó, merece ser visualizada permanentemente por el medio que sea, y es, probablemente, la flor del almendro la que mejor pueda materializarlo.
Tengamos, pues, en este pequeño reducto, un lugar para la memoria de nuestros mayores, para aquellos que lo dieron todo sin esperar nada más que el abrazo y el beso de sus nietos.